blog de Jaime Despree
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ARTICULO ▶ SOCIEDAD
El poder y la gloria
Jaime Desspre

He asociado el título de una novela de Graham Greene, que he conseguido en una librería de viejo que hay en mi barrio berlinés, con los recientes sucesos de Londres, porque los jóvenes ingleses carecen de poder y de gloria.

Vivir como animales consiste en “poder” satisfacer las necesidades y reproducirse; vivir como personas consiste además en “poder” ser felices y vivir alegres. Para ser felices es suficiente con poder soñar cosas agradables y para estar alegres solo es necesario descubrir cada día algo nuevo e interesante.

Desde los años sesenta los jóvenes empezamos a exigir poder para satisfacer nuestras propias necesidades, para ser felices y para estar alegres. Hasta esos años no teníamos derecho ni a la satisfacción ni a la felicidad ni a la alegría, pues según el modelo burgués de la época para ello era preciso formar una familia.

Nuestra generación creyó ingenuamente que bastaba con legalizar la píldora, suprimir la censura y acceder a la universidad para conseguir nuestra utopía, que además exigía un nuevo y costoso modelo de Estado social del bienestar.

Con más o menos dificultades en apenas medio siglo hemos conseguido nuestros propósitos, pero no hemos caído en la cuenta de las tremendas contradicciones que estábamos generando, pues de lo que no fuimos capaces fue de cambiar el “sistema”.

La publicidad y el consumo ha creando en los jóvenes nuevas supuestas necesidades que cada vez más difíciles de satisfacer, y que es la causa de su insatisfacción.

Por esta razón sus sueños son cada vez más difíciles de realizar, que es la razón de su depresión.

Por último, la realidad social se ha comportado con tan extraordinario cinismo que les resulta difícil de discernir con claridad lo que está bien y lo que está mal, causa de su amoralidad y conducta antisocial.

Todas estas contradicciones sitúan a los jóvenes de hoy ante las mismas angustias vitales que los jóvenes de antaño, y cuando por la excusa que sean se alteran los ánimos y se desatan las pasiones, los jóvenes hacen una salomónica simplificación: el que no está conmigo es mi enemigo. 

Por eso, con distintas formas de expresión, con o sin una justificación ideológica, pacíficas o violentas, se repiten periódicamente explosiones de desencanto juvenil tipo “Mayo del 68”. La razón es siempre la misma: insatisfacción, infelicidad y depresión. Estos son los valores que definen nuestra cultura desde sus más remotos inicios, pues, por unas causas o por otras, los seres humanos nunca hemos vivido satisfechos, felices y alegres.

Yo no tengo la respuesta a este histórico dilema, pues el mal radica en la cultura misma ("Malestar en la cultura", según Sigmund Freud), pero tengo la intuición (esta es la fuente de inspiración de mis ensayos y artículos) de que una aproximación de la cultura a la naturaleza de donde procedemos nos ayudaría a definir con más objetividad cuales son nuestras verdaderas necesidades, lo que facilitaría además el acceso a nuestros sueños y al descubrimiento de nuestra personalidad. Solo así podríamos vivir razonablemente satisfechos, alegres y felices.