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EBOOK ▶ FILOSOFIA
Filosofía de los sistemas sociales
Publicado el jueves 01 de enero del 1970 por Jaime Despree

Este ensayo es el resultado de aplicar mi propio m√©todo desarrollado en mi anterior trabajo ¬ę¬ŅQu√© es la realidad? Nuevo m√©todo para un nuevo discurso¬Ľ. Este m√©todo parte de la tesis de que en el transcurso de nuestra evoluci√≥n los seres humanos hemos ido adquiriendo hasta tres percepciones de la realidad distintas: la de los sentidos, de la imaginaci√≥n y de la consciencia..   

 La primera percepci√≥n se establece de forma directa en contacto con las cosas por la experiencia, y nos dice si lo que sentimos es positivo o negativo; √ļtil o in√ļtil para la mera supervivencia (materialismo), y que constituye la base del sistema econ√≥mico que ha dado origen la Estado liberal; es decir, la libertad es el ¬ęvalor supremo¬Ľ al que quedan supeditados los dem√°s valores sociales o religiosos.    

La segunda percepci√≥n se establece de forma indirecta con la visi√≥n de la imagen de las cosas en la imaginaci√≥n, y nos sugiere, gracias a las emociones, el valor √©tico de las cosas que contemplamos (espiritualismo), y que llegar√° a crear el sistema religioso y el modelo de Estado teocr√°tico; es decir, que en este caso el ¬ęvalor supremo¬Ľ es Dios, al que quedan supeditados en resto de los valores sociales y econ√≥micos.    

Por √ļltimo, la tercera percepci√≥n es la que nos permite descubrir la forma de ser de las cosas en la conciencia, que es la causa que establece la verdad o falsedad de nuestras emociones o sensaciones (idealismo), de cuya nueva percepci√≥n surgir√° el sistema pol√≠tico y el Estado social; por tanto, en este caso el ¬ęvalor supremo¬Ľ es la justicia social, al que quedan supeditados tanto los valores religiosos como los econ√≥micos. La Rep√ļblica ideal que concibiera Plat√≥n.       

 Si en el t√≠tulo de este anterior ensayo he parafraseado al de Descartes ha sido porque si ha de haber una nueva modernidad, tambi√©n debe estar basada en un m√©todo filos√≥fico. Afortunadamente hoy las cosas ya no son como en tiempos de Descartes. No s√≥lo ninguna Iglesia, monarca, Estado o gobierno, al menos en Occidente, condena y persigue el racionalismo, sino que despu√©s de que fueran aceptadas las teor√≠as inapelables de Darwin sobre el origen del hombre y las de Einstein sobre el universo, para la gran mayor√≠a esta nueva modernidad ya no parece que sea una cuesti√≥n propia de la filosof√≠a, sino de la nueva ciencia experimental y te√≥rica, y su flamante y extraordinaria tecnolog√≠a.    

Pero lo cierto es que la ciencia y la filosof√≠a siempre han caminado de la mano, como podemos comprobar en el t√≠tulo de la obra fundamental de Isaac Newton: ¬ęPrincipios matem√°ticos de la filosof√≠a natural¬Ľ. Newton utiliza el concepto ¬ęfilosof√≠a natural¬Ľ como sin√≥nimo de ¬ęentendimiento¬Ľ de la naturaleza. En efecto, la filosof√≠a debe ser la que nos lleva al entendimiento, pues se basa en el descubrimiento de las causas probables de acuerdo a hip√≥tesis razonables. El cient√≠fico primero razona lo que es probable y despu√©s lo prueba con la experiencia. Por tanto, en toda investigaci√≥n cient√≠fica la raz√≥n debe preceder siempre a la experiencia.    

En el caso de este ensayo, la filosof√≠a precede a la historia, que es una ciencia, de manera que primero trato de entender el ser humano y despu√©s contrasto ese entendimiento con la experiencia de su historia.Por esa raz√≥n lo fundamental de este libro no es tanto la exposici√≥n de los hechos hist√≥ricos en s√≠, sino sus causas, de manera que quede claro que es el trabajo de un fil√≥sofo y no de un historiador.    He dicho ¬ęfil√≥sofo¬Ľ como si me estuviera refiriendo a m√≠ mismo como una persona fuera de lo com√ļn, pero lo cierto es que de alguna manera todos somos fil√≥sofos, pues todos tratamos de entender las causas de lo que sentimos o imaginamos con el fin de poner orden en nuestras pensamientos, pero ello no es motivo como para que vayamos por ah√≠ presumiendo de ser fil√≥sofos. Lo que diferencia a unos fil√≥sofos de otros no es la capacidad para entender, que es com√ļn en todas las personas, sino la amplitud de lo que pretendemos entender y el deseo de hacer p√ļblicas nuestras conclusiones. El hacernos merecedores de ser considerados como fil√≥sofos destacados depender√° del inter√©s social de nuestras conclusiones.  

  Por otro lado, la filosof√≠a no debe limitarse a entender tan solo aquello que es l√≥gico y razonable, sino tambi√©n lo que no es ni l√≥gico ni razonable; es decir, lo irracional que hay en el comportamiento del ser humano, como es la fe en su capacidad de crear aquello que imagina. Pues ¬Ņc√≥mo podr√≠amos crear sin prever en la imaginaci√≥n aquello en lo que creemos?    Pero al mismo tiempo los fil√≥sofos no podemos negar la necesidad de la experimentaci√≥n como causa de todo conocimiento, puesto que a trav√©s de la filosof√≠a tan solo se alcanza el entendimiento de las causas de las cosas, pero no el conocimiento de la naturaleza de las cosas mismas.   

 Por esa raz√≥n, el fin √ļltimo de la filosof√≠a, que es desvelar la causa razonable de las cosas, puede llegar a contradecirse con la pr√°ctica democr√°tica, que acepta que la convivencia pac√≠fica y ordenada consiste en la legitimidad de lo irracional que hay en las creencias del ser humano, cuando la filosof√≠a persigue todo lo contrario: la convivencia basada en un orden razonable; es decir, lo que bien podr√≠amos llamar la ¬ędictadura de las ideas l√≥gicas y razonables¬Ľ, que, como he dicho, en su versi√≥n hist√≥rica ser√≠a la ¬ęRep√ļblica ideal¬Ľ de Plat√≥n, lo que nos parecer√≠a intolerable por antidemocr√°tica. La verdad absoluta que busca la filosof√≠a es simplemente imposible de alcanzar para la peculiar y compleja psicolog√≠a del ser humano, que no s√≥lo se apercibe de las cosas con la conciencia, la v√≠a propia de la filosof√≠a, sino con la imaginaci√≥n y la sensaci√≥n; en otras palabras, para ser humanos necesitamos pensar, imaginar y sentir casi al mismo tiempo, y la filosof√≠a se ocupa sobre todo del hombre que piensa, pero no del que imagina o siente.Pero la realidad que circunda al hombre que piensa, o su circunstancia, es desproporcionalmente inmensa para su tambi√©n inmensa peque√Īez dentro del universo, y su mente razonable y l√≥gica no puede contestar a todo cuanto se pregunta.    El padre de la filosof√≠a, Thales de Mileto, se cay√≥ a un pozo mientras paseaba meditando en torno al universo, y tuvo que ser una modesta sirvienta quien le recordara que la realidad no s√≥lo estaba en las estrellas sino en los pozos del camino.   

 No solo eso, sino que muy pronto el hombre que piensa se tropez√≥ tambi√©n contra las limitaciones de su propia naturaleza, y desconcertado descubri√≥ que despu√©s de todo final siempre hab√≠a un principio; es decir, pronto fue consciente de la dualidad de la naturaleza de la que, a√ļn a su pesar, formaba parte.    

Ante este descubrimiento perfectamente razonable pero inconcebible, el de la infinitud y de la eternidad, no tuvo m√°s remedio que imaginar algo capaz de superar esta fatalidad, en su desesperada b√ļsqueda de lo √ļnico y lo absoluto, a lo que llam√≥ ¬ęDios¬Ľ. Idea que existe en todas las culturas y lenguas del planeta, pues en todas ellas el hombre que piensa alcanza las mismas razonables conclusiones.    

Por otro lado, y volviendo a la an√©cdota de Thales, el hombre que piensa debe de ocuparse del hombre que siente, y satisfacer sus necesidades naturales, no s√≥lo para dar satisfacci√≥n a sus deseos, sino para defenderse y asegurar su descendencia.    Poniendo orden en todas estas evidencias llegu√© a la conclusi√≥n obvia de que la realidad no s√≥lo la puede interpretar el hombre que piensa; es decir, el fil√≥sofo, sino tambi√©n el que imagina o el religioso, y el que siente o el cient√≠fico. En otras palabras, el ser humano se organiza en torno a tres sistemas simult√°neos y paralelos, y que no llegan a converger nunca: el filos√≥fico, fruto de lo que piensa; el religioso, fruto de lo que cree y el econ√≥mico, fruto de lo que siente.    

Este ensayo interpreta la historia del ser humano como el resultado del enfrentamiento entre estas tres percepciones de la realidad y sus resultados enfrentados, pues s√≥lo en nuestros d√≠as, y en las sociedades m√°s avanzadas, han dejado de combatirse enconadamente gracias a la plena aceptaci√≥n de la democracia y el Estado social y de Derecho.    

Este no ha sido un logro exclusivo del hombre que piensa, sino tambi√©n del que ¬ęora et labora¬Ľ, o del creyente y del trabajador; en otras palabras, de la religi√≥n y de la econom√≠a, pues ambos han aceptado de mejor o peor grado los principios democr√°ticos y de respeto mutuo, que, pese a que pueda parecer una contradicci√≥n, han sido pensados por los fil√≥sofos.   

 Por esta raz√≥n, una sociedad democr√°tica, productiva y de derecho debe mantener necesariamente un equilibrio entre la pol√≠tica, la econom√≠a y la religi√≥n, que expresado en t√©rminos hist√≥ricos no son sino los principios de la Revoluci√≥n francesa: ¬ęLibert√©, √Čgalit√© et Fraternit√©¬Ľ. Cualquier desequilibrio es contrario a la realidad seg√ļn la percibe el ser humano.    El dominio de la econom√≠a nos llevar√° inevitablemente a una sociedad materialista, sin ideales ni moralidad, y que ser√° dominada por la tecnolog√≠a; el domino de la pol√≠tica debe llevarnos a un irreal idealismo, sin libertad ni moralidad, que tambi√©n inevitablemente terminar√≠a en dictadura, incluso si es razonable; por √ļltimo, el dominio de la religi√≥n nos abocar√≠a a un dogm√°tico espiritualismo, con la merma de la productividad y de la libertad y que concluir√≠a en un inevitable estado teocr√°tico.