blog de Jaime Despree
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MONOGRAFIA ▶ FILOSOFIA
Sobre el entendimiento
Publicado el jueves 01 de enero del 1970 por Jaime Despree

Prólogo

 

Desde mi llegada a Berlín, en el 2004, he estado trabajando incesantemente en lo que finalmente ha resultado ser una “Teoría del entendimiento humano”. Pero lo cierto es que tardé bastante tiempo en darme cuenta del alcance real de este trabajo, y fue a partir del tercer ensayo, “Sobre el Ser, Dios y el Cosmos” en que conseguí exponer los fundamentos de esta teoría de forma más o menos esquemática y metódica. Sin embargo, seguía teniendo la impresión de no haber expuesto de forma concisa las ideas fundamentales, y prescindido de las accesorias, además de faltarle argumentos, amén de referencias puntuales a otras ideas y teorías anteriores que pudiera considerar como precedentes. 

Tras cada nueva lectura de este ensayo, y lo habré leído una treintena de veces, me quedaba con la sensación de no haber expuesto los argumentos con el necesario orden para hacerlos plenamente comprensibles, y me decía a mí mismo que era necesario volver a escribir un nuevo ensayo con un plan más metódico y mejor elaborado.   Para compensar mi falta de voluntad para afrontar una vez más la compleja y larga tarea de escribir un nuevo libro sobre este mismo tema, opté por darle vueltas al asunto  escribiendo infinidad de artículos relacionados, pero tomando como argumentos una diversidad de conceptos elegidos prácticamente al azar, y ver si mi método resistía la prueba. 

En un momento de mejor disposición de ánimo incluso escribí dos monografías, integradas en un solo libro, “La filosofía de principio a fin”, que me permitió volver una vez más, y de forma mucho más sistemática, sobre el tema, y responderme a preguntas fundamentales que serían de gran interés para posteriores artículos publicados en mi nuevo blog.  Pero, una vez más, y debido a la extraordinaria complejidad del trabajo que me había propuesto, el resultado no fue del todo satisfactorio, porque nuevamente fui incapaz de exponer la tesis en el orden necesario, e introducir correctamente cada una de las partes que conforma la teoría del entendimiento que trataba de exponer. Es decir, es como si intentara hacer una tortilla sin esperar a que la gallina pusiera el huevo. 

No obstante, pese a que este nuevo libro estuvo mejor estructurado que los anteriores, no resultaba ameno, porque la intención era servir de apuntes para un nuevo y definitivo ensayo que, ¡por fin! estoy intentando escribir.  En este tiempo mis energías han decaído considerablemente, más por el cansancio mental que físico, debido al esfuerzo de volver una y otra vez sobre las mismas ideas y sus argumentos. Por todas estas razones me faltaba la motivación y la voluntad necesaria para volver una vez más sobre este mismo tema.   

Ha sido con la llegada de la primavera y del buen tiempo, además de la tranquilidad extraordinaria que sigo gozando en esta ciudad, lo que me han permitido tomar clara de conciencia de que si dejo pasar más tiempo y desaprovecho estas favorables circunstancias será imposible emprender este nuevo este trabajo.   

La complejidad y dificultad en la exposición argumental de la tesis fundamental es debida a la amplitud del tema en sí, así como la simultaneidad de las diversas percepciones que el ser humano tiene de la realidad, y la extraordinaria capacidad de su mente para realizar procesos complejísimos en fracciones de segundo sin que apenas seamos conscientes de ello.  El ser humano ha tardado siglos en acumular conocimientos que no obstante consigue relacionar mentalmente y sin apenas esfuerzo en milésimas de segundo. 

Por ejemplo, cuando contemplamos imágenes en la televisión nuestra mente está trabajando a velocidades supersónicas, comparando las imágenes de lo que vemos con las que guardamos en la memoria, de manera que vamos reconociendo sobre la marcha ciertas imágenes, asociadas a un nombre, mientras guardamos otras nuevas en la memoria, asociadas también a sus nombres, para conocerlas en el momento en que las veamos, y reconocerlas posteriormente cuando volvamos a contemplarlas. Esta no es una actividad exclusiva del cerebro, es decir, una actividad física, sino también de la mente, o, lo que lo mismo, uno de los tres contextos de la percepción del ser humano, y fundamental para su entendimiento.  Ordenar las percepciones simultáneas, objeto, imagen y forma, y otorgarles la correspondiente secuencia para la consecución del entendimiento, es la gran dificultad de este trabajo, pero no el entender en qué consiste el entendimiento, y valga la inevitable redundancia.  

La finalidad de este nuevo ensayo, como la de los anteriores, no es conocer sino entender algo nuevo. Es decir, aquello que entendemos no puede ser guardado directamente en la memoria, sino que se trata de un proceso mental inconsciente basado en la aplicación de un método lógico. La modernidad fue la consecuencia de un método, desarrollado progresivamente por la peculiar mente del ser humano. Son precisamente los mecanismos de este método los que trato de analizar y exponer con la mayor claridad que me sea posible, pero puesto que no hay imagen ni sustancia que memorizar, no hay nada nuevo que conocer. Se trata de entender porqué entendemos, pero sin saber por qué lo hacemos. 

De la misma manera que la ciencia nos explica por qué respiramos sin que seamos conscientes de que lo hacemos.  Este es, además, un nuevo libro que tratará de la forma de ser de las cosas, y es por tanto un ensayo de filosofía sobre estética, de donde se deduce esta simple definición: “La filosofía es lo que nos permite entender lo que conocemos”. En otras palabras, lo que diferencia a los seres humanos de los animales es que los estos conocen pero no entienden, en tanto que nosotros, que somos animales filosóficos por naturaleza, estamos tan interesados en conocer como en entender. Nuestro perro nos conoce, pero no entiende nuestro lenguaje. 

La razón es simple, el pobre animal no percibe la realidad por su forma sino por su imagen y sustancia. Por esa razón no puede tener ideas, pero sí conocimiento, es decir, no es un “animal filosófico”. Por tanto, con este nuevo trabajo intento una vez más revindicar para la filosofía un puesto destacado en la actividad mental del ser humano, sin cuya ayuda no entenderíamos aquello que conocemos; es decir, nos rebajaríamos al nivel mental de un simple animal.   

Si por algo considero al ser humano superior al animal no es por su naturaleza, que probablemente a estas alturas de la civilización ya sea inferior, ni por su valoración ética, pues el animal no causa más daño del estrictamente necesario, sino por su superioridad estética, es decir, su capacidad de concebir las cosas por su forma de ser, lo que no puede hacer el animal.   No concebir las cosas desde la perspectiva de la filosofía, es decir, con el entendimiento, puede llevarnos de nuevo a las cavernas, pese a que estas de ahora tengan aire acondicionado y televisión vía satélite. Lo que hace la humanidad en sí misma es su entendimiento, cuya función social es, o debe ser, la armonía y la alegría de entender, meta superior a la mera satisfacción del conocimiento o la emoción de la imaginación. En otras palabras, ni la ciencia ni la religión deberían regir el comportamiento social del hombre, sino que debería ser la filosofía. Si ésta ha caído en descrédito es porque se ha quedado atascada, debido al inmovilismo del mundo académico, burocratizado y encastillado en el agobiante recinto de sus universidades, donde se cree que la filosofía se aprende enseñando su historia, cuando según Immanel Kant, opinión que comparto plenamente pese a que se me pueda juzgar de pedante, la filosofía se aprende fundamentalmente filosofando. La filosofía no sólo debe conocerse, sino sobre todo entenderse.  

Este nuevo libro propone un ejercicio de raciocinio que en ningún caso pretende enseñar filosofía a través de la historia de las ideas filosóficas. Es un ejercicio similar al que sometía Platón a sus alumnos en la “Academia” o Aristóteles a los suyos en el “Liceo”, modelo que tras la creación de las universidades, interesadas más en la filosofía como asignatura de estudio que como ejercicio mental creativo en torno a las ideas, no se ha vuelto a repetir. 

También parte del supuesto de que todos somos personas razonables y estamos interesadas en entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás, y no sólo en conocernos como organismos naturales, para lo que la ciencia ya nos ha aportado una abrumadora avalancha de conocimientos sin que, a pesar de todo, nos sirva para entendernos.    

 Berlín, 9 de mayo de 2009