BLOG DE JAIME DESPREE
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Religión e Imaginación
01 de enero del 1970

    A pesar de que mi tesis sobre la realidad no ha tenido el mínimo interés entre académicos a los que he hecho llegar mi ensayo “¿Qué es la realidad?”, yo sigo reiterándome en su racionalidad, y en este nuevo breve artículo vuelvo a poner un ejemplo de su utilidad al analizar las causas de la religión basándome en el método en que se basa esta tesis.   

 Esquemáticamente la tesis se puede resumir en este proceso de evolución:  Todos los organismos vivos poseen tres percepciones distintas y simultáneas, que aparecen gradualmente en el transcurso de su evolución:   

 a) Los vegetales deben poseer instinto, que se percibe por la sensación. 

 b) Los animales instinto y fe, que se perciben por la sensación y la imaginación 

 c) Las personas instinto, fe e intuición, que se perciben por la sensación, la imaginación y, por último, la consciencia.   

 

 Gracias al instinto, conocemos (pero sin "credibilidad" ni entendimiento).  

Gracias a la fe, creemos (pero sin conocimiento ni entendimiento).  

Gracias a la intuición, entendemos (pero si "credibilidad" ni conocimiento).   

 Puesto que la religión se fundamenta no en el entendimiento sino en las creencias, la religión pertenece al segundo supuesto.    

Ahora bien, en tanto que no podemos ser plenamente conscientes de todo aquello de lo que nos apercibimos; es decir, que no “entendemos” todo aquello que sentimos o imaginamos, las personas, pese a tener consciencia, necesitamos recurrir a la fe (las creencias) para darnos respuestas provisionales a aquello que momentáneamente no “entendemos”. En otras palabras, buena parte de nuestro comportamiento es necesariamente irracional, o básicamente de “animales con fe y creencias”.     

Por tanto la religión es la “racionalización de la imaginación”, que sucede cuando no entendemos aquello que percibimos con los sentidos o la imaginación. El fin de las creencias religiosas debe suceder inevitablemente por causa del “entendimiento racional de la realidad, gracias a la toma de consciencia de aquello que intuimos”.  Una vez conscientes de aquello que percibimos con los sentidos o la imaginación, dejamos de creer para simplemente afirmar su “verdadera sustancia”. Es, por tanto, el fin racional de las creencias religiosas. 

De donde se deduce que las personas más conscientes y con más entendimiento deben ser, al mismo tiempo, las menos religiosas y más "incrédulas".    De hecho, toda religión se fundamente en la veneración y devoción a "imágenes", que son las que provocan la fe en lo que cada credo religioso pretende que representan. Ninguna religión, incluida las inconoclastas, pueden servir a sus propósitos sin la ayuda de la imaginación y de las imágenes, pues carecerían de una "casua" para expresar el contenido de la fe.    

Por último, decir brevemente que la imaginación debe ser un fenómeno natural anterior a la visión, pues la visión debe ser el resultado de la necesidad de ver lo que ya se imagina (lo invidentes imaginan aquello que oyen o tocan), por lo que todos los organismos vivos con sentidos deben poseer alguna forma de imaginación y tener "fe en sí mismos", o en aquello que "imaginan de sí mismos", lo que les permite "ser ellos mismos tal y como son verdaderamente", es decir, ser "naturales".     

Por esta razón la naturaleza "inconsciente" se comporta con más "objetividad" y "veracidad" que la consciente, pues el instinto y la fe son "infalibles", y provocan comportamientos donde no existe la duda, ni obviamente la valoración moral del bien y del mal.    

 Lo que determina la sustancia moral de toda religión es decidir si está bien o mal aquello en lo que creemos o imaginamos relacionado con nuestro comportamiento, pues una vez que tomamos consciencia de su "verdadera naturaleza", tal valoración carece de sentido, pues las cosas no son buenas ni malas sino que "son como deben ser" y no como creemos o imaginamos que son. Conclusiones a la que lleva necesariamente el pensamiento científico desde sus inicios hasta nuestros días.    Sin embargo un comportamiento puramente científico, racional, consciente y amoral es impensable para el ser humano, pues sería el fin de toda duda y por tanto el fin de todo conocimiento y entendimiento. 

Tal vez sea esta la síntesis final del "espíritu" que proponía el idealista Hegel.