BLOG DE JAIME DESPREE LIBROS    BLOG    CRÍTICAS    ARTÍCULOS    SOBRE MÍ    ×
ARTICULOS

SESIÓN

Conocimiento vs. entendimiento
FILOSOFIA
Los refranes son la síntesis que la cultura popular hace de la sabiduría. Muchos son contradictorios y otros ambiguos, pero hay uno que me sirve de introducción a este nuevo artículo: «A buen entendedor con pocas palabras basta», y que me sirve de réplica a otro refrán con el que un lector criticaba mis artículos: «Aprendiz de todo, maestro de nada», pues cambiando el orden de las palabras se vuelve contra el maestro y en favor del aprendiz: «Maestro de algo, aprendiz de todo».

Platón, que debe ser la referencia obligada para todo lo relacionado con la filosofía, afirma que el entendimiento proviene de la intuición y lleva necesariamente al uso de la razón y de la lógica. Es decir, todo lo que se entiende debe ser necesariamente «lógico y razonable» o de otro modo simplemente «no se entiende». No importa si lo que se entiende es la manera de dar cuerda a un juguete o la estructura del cosmos. Nada puede entenderse si no es el resultado de una reflexión lógica y razonable, y esa es la peculiaridad que nos diferencias de «algunos» animales y plantas, pues muchos tienen más entendimiento que las personas. La razón por tanto es consustancial con el entendimiento.

No ocurre lo mismo con el conocimiento, pues por poner un simple y radical ejemplo, la red Internet posee una ingente cantidad de conocimientos, ¡pero no entiende nada de lo que conoce porque es una máquina sin intuición! El conocimiento está en permanente rivalidad con el entendimiento, pues según el refrán que sirve de argumento para criticar mis artículos, ningún aprendiz puede tener más entendimiento que su maestro. Como se puede ver no es más que una cuestión de «celos profesionales».

Conocer es almacenar datos, formar la experiencia, entender es moverlos en la conciencia y extraer resultados que sirvan a la comprensión de lo poco o mucho que conocemos o tengamos experiencia. El «conocedor» es un erudito e historiador, que para su desgracia próximamente podremos prescindir de ellos gracias a los ordenadores, pero el entendedor, que requiere tan sólo los datos fundamentales, es decir, «pocas palabras», afortunadamente por el momento no podrá ser sustituido por las máquinas, porque tiene un «diseño inteligente», por decirlo con una expresión que está de moda.

Pongamos un simple ejemplo de las limitaciones de todo intelectual y las ventajas de un buen entendedor. Unos de mis temas favoritos, a parte de la filosofía y la literatura, es lo que está sucediendo con la economía de los Estados Unidos. Ni yo ni nadie puede «saber» lo que sucede realmente, pero si entenderlo. Para saber lo que sucede deberíamos enterarnos de la situación real en las instituciones financieras, grandes multinacionales y comercios de venta al detalle, del estado de las cuentas de la Reserva Federal, de las cifras totales de la economía, de las reservas de crudo, de la deuda pública, del déficit comercial, de la cuantía de la deuda privada, de los resultados de las cosechas, del empleo activo, de la inflación, de la confianza del consumidor, de la producción de acero, del nivel de inmigración ilegal, de los gastos de defensa, de las reservas de oro, etc. Si para entender lo que sucede en los Estados Unidos necesitamos conocer todos estos datos y que sean verídicos ¡nadie puede entender lo que sucede en este país!

¿Solución? ¡Pocas palabras y un buen entendedor! Es decir, se trata de argumentar una explicación que sea razonable hasta donde lleguen nuestros «conocimientos», pero por pocos que sean, el resultado no obstante, si lo entendemos ¡siempre debe ser razonable! Y este es el sentido del refrán popular.

El entendimiento no se deja abrumar por la escasez de conocimiento, pero sean cuales sean sus conclusiones al menos deben ser razonables. Un niño sabe pocas cosas, pero lo poco que entiende es porque al «razonarlo» lo comprende.

Por eso Platón acertadamente considera que el entendimiento no requiere más que ciertos «datos fundamentales» o «impresiones» para que la intuición haga el resto, porque todo lo que nos impresiona es porque es un dato contenido dentro de la lógica de lo que estamos tratando de entender, no para «conocerlo» sino para «entenderlo». La filosofía no nos enseña nada sobre las cosas, se limita a que las entendamos.

Es evidente que a mayores conocimientos mayor es la amplitud o síntesis del entendimiento, pero el propio entendimiento «sabe» discernir sobre qué conocimientos son los fundamentales y los accesorios, y lo sabemos cuándo los conocimientos nos permiten entender lo que no entendemos. ¡No es necesario conocer más que aquello que nos permite entender lo que no entendemos!

La razón de la «brutalidad» del conocimiento sin más es que estos se vuelven contra sí mismos si no se entienden entre sí. Es decir, puede darse el caso de que conocemos miles de cosas que no están relacionadas entre sí, de manera que sirven para entender muchas cosas, pero en la medida de que son conocimientos dispersos y no convenientemente relacionados o «sintetizados», a pesar de ser grandes eruditos, no entendemos nada de lo que conocemos. Caso de Internet o del «enciclopedismo intelectual», que es la consecuencia inevitable de la excesiva acumulación de conocimientos, signo de nuestro tiempo, lo que quiere decir que cada vez conocemos más cosas que no entendemos.

Ese famoso «diseño inteligente» que somos los humanos tiene la capacidad de hacer constantes «síntesis» de todo aquello que conoce, y no hay inteligencia si no se sintetiza todo aquello que se adquiere con el conocimiento, pero la propia inteligencia «selecciona» aquellos conocimientos que sirven para el entendimiento, ni una más ni uno menos, y esta regla está en la «intuición». Sentido que se pierde irreversiblemente con la erudición. Por eso «¡A buen entendedor, con pocas palabras basta!» y «¡A mal entendedor ni con la Enciclopedia Británica le basta!»

...