BLOG DE JAIME DESPREE
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Dios es, pero no existe
01 de enero del 1970

Después de 60 años de agnosticismo, finalmente he llegado a la conclusión de la razonable existencia de Dios. Es más, me atrevo a sugerir que en la actualidad Dios, nuestro Dios naturalmente, debe de tener alrededor de 50 mil millones de años, o 50 años de nuestro tiempo terrenal.

Dicho así como introducción de este nuevo artículo esta afirmación puede parecer una tomadura de pelo y una intolerable falta de respeto por la posible sensibilidad religiosa de mis lectores, pero he llegado a esta conclusión tras desarrollar un nuevo método cognoscitivo, para el que provisionalmente no tengo otro calificativo que el de "método contextual", pues se basa en la constatación de la existencia de tres contextos etimológicos, cada uno de los cuales expone una misma idea con tres conceptos distintos, y el método consiste en "agruparlos", de manera que lo que tenga sentido en uno debe tener sentido en los otros dos o carece de sentido en los tres.

Estos tres contextos son el lógico o físico, psicológico o religioso y el ideológico o metafísico, es decir, el contexto de la naturaleza, el de los dioses y el de las ideas. También podemos decir el de la experiencia, de la imaginación y el de la razón, o todavía más objetivamente, la ciencia, la religión y la filosofía.

Dios aparece históricamente dentro del segundo contexto, cuando podemos decir que la "imaginación se hace trascendental", pero sus fuentes no están ni en la razón ni en la experiencia, sino de la fe o la "revelación". Es importante entender que cuando nos preguntamos por la "existencia" de algo, no buscamos su certidumbre "física", que sería su "consistencia" ni su certidumbre "psicológica" que sería su "apariencia", sino que lo que buscamos es su certidumbre "metafísica", es decir, una "algo más allá de la física que sea lógico y razonable" y que pueda ser entendida, tenga o no presencia o consistencia.

Es decir, la existencia de Dios sería aceptable si pudiéramos "hacernos una idea de Dios y de su causa", pues ninguna idea puede ser ni existir sin una causa". ¡Y aquí está el problema! Para darme una respuesta aceptable he recurrido a este método de equivalencias, por tanto buscamos a Dios desde estos tres contextos posible:

Primer contexto: La física. En el origen del universo, hace ahora alrededor de 13,7 mil millones de años, y de acuerdo a la aceptable teoría de la «Gran explosión», está la energía, que por progresiva condensación se transforma en materia. La materia "informada" en sus orígenes por el instinto y posteriormente por la experiencia, tuvo la capacidad nata de organizarse "inteligentemente" y de forma dinámica, es decir, como organismos, de donde procede la vida natural, o la naturaleza.

Segundo contexto: La teología. En el origen del cosmos está el «Espíritu santo», es decir, el espíritu, que se transforma en mundo. El mundo, "informado" por la fe, tiene la capacidad de «crear» las criaturas que lo pueblan, pues el mismo Adán surge del polvo, de donde proceden todas las criaturas.

Tercer contexto: La metafísica. En el origen de la consciencia está la mente, que gracias al pensamiento se transforma en ente. La entidad, informada por la intuición, tiene la capacidad de transformarse en seres, dando origen a la existencia misma y a las ideas. Según esta primera reflexión tanto la materia, el mundo como la entidad deben ser en realidad una misma cosa, pero expuesta en tres contextos distintos.

Podremos hacer extensible este método a otros conceptos y veríamos que todos se pueden agrupar, pero para este caso nos quedamos aquí, porque ahora vamos a situar a Dios en el contexto que aparece por primera vez y tratar de buscarlo en los dos restantes.

Dios surge en el contexto de la teología como una "revelación de su imagen" fruto de la imaginación exaltada, y como creador debe de estar "fuera" de lo creado, es decir, fuera de este mundo y de la creación misma. Por tanto sin duda que debe morar en el "Cielo", que es "otro mundo" o "el mundo de Dios".

Dios es además nuestro "Padre celestial". Si lo vemos en el contexto de la física decimos que Dios debe de estar fuera de la naturaleza producida.

Como la naturaleza constituye una unidad espacio-temporal contenida en una duración, la del universo, el Dios de la física, que ya no es creador sino "productor", debe de estar en otro universo, contenido en otro espacio-tiempo, con otra duración. Si este Dios ha "producido" nuestro universo debe tener su propia duración, y si nuestro universo tiene una vida mesurada de 13,7 mil millones de años, el universo gestante debe tener "más duración" que el nuestro.

Si tomamos como medida de relación 1 año = 1000 millones de años, este Dios debe de tener ahora alrededor de 50 años en su propio tiempo y en su propia demisión espacio-temporal. Es decir, debe tratarse del "padre" de nuestro universo. Si ahora nos pasamos al contexto final de la metafísica decimos que Dios debe de estar fuera del ser, y como todo lo existente tiene necesariamente ser, Dios no puede existir dentro de nuestra propia mente, pero sí fuera de nuestra mente, es decir, en otra "existencia paralela", con otro Ser, entidad e idea. Por tanto debe ser "el padre" del ser de las cosas existentes en nuestra mente, pero no está en nuestra mente, es decir, para nosotros "Dios es, pero no existe".

También podemos decir que "es cierto que hay Dios", porque podemos tener su certidumbre con la fe y el instinto, pero no es verdad que exista en tanto no pueda se concebido como una idea lógica y razonable a partir de su "intuición". ¡Se trata de una cuestión de contextos! De manera que es fácil llegar a la conclusión de que Dios debe ser el "padre del universo" y habita en otra dimensión espacio-temporal, o en un "universo paralelo", y que en la actualidad debe tener alrededor de 50 mil millones de años de nuestro tiempo, unos 50 años del suyo.

Pero ¿cómo es posible llegar a esta conclusión si no se puede establecer la prueba física de su existencia? Sencillamente porque la física no pude probar la existencia, pues la física no tiene en su propio "vocabulario" la voz "existencia", que pertenece a la metafísica, sino que tan sólo pude probar la "consistencia" de Dios. Por tanto la certidumbre que de Dios puede tener la teología o la física se refiere a su "apariencia" o "consistencia" pero nunca a su "existencia".

No quiero concluir este artículo sin exponer brevemente la "lógica matemática" del "Misterio de la Trinidad", que contiene cada una de las reflexiones expuestas con anterioridad. El Misterio también habla de "tres contextos", el de un "Padre": universo paralelo; de un "Hijo": nuestro universo, y de un "Espíritu Santo": la energía, espíritu o mente, como se le quiera llamar, causante de los tres. Como el misterio está basado en una "revelación", que resulta rigurosamente lógica y razonable, pese a ser una aporía, las tres Personas se sitúan dentro de un triángulo, cuyo "centro" contiene la "primera causa, que no existe", pues las tres Personas "son y existen", en tanto que "Dios en sí mismo", como causa primera de las tres "personas divinas", que no obstante son "consustanciales", "no puede existir, pero es", pues el "ser no puede no-ser".

Esto nos obliga a considerar que "Dios es lo que no existe, pero que es", para algunas tradiciones teológicas "el Innombrable". Y si es pero no existe, sólo pude "ser por defecto", de manera que todo lo que causa "en efecto" debe ser "parte de la divinidad" o "divino", incluidos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sin que sea posible la existencia de "Dios en sí mismo". Reflexión que ya se hizo el propio San Agustín, para quien Dios era "emanación". De manera que más que preguntarnos por la existencia de un "Dios inexistente, impensable improbable" deberíamos ser más "concretos" y preguntarnos por las "divinidades existentes", aquellas que han "producido nuestra naturaleza", "creado nuestro mundo" o "causado nuestra entidad", sin ir más allá en nuestras consideraciones.

¡Y ese es el misterio que nuestra mente no está capacitada para resolver, y donde se le han "cruzado los cables" a todos los filósofos de la historia de la filosofía idealista y trascendental! Para hacerlo más familiar podemos decir que el uno, el dos y el tres provienen "potencialmente" del cero, pero el cero "no vale nada", "¡solo es pura potencialidad! Si la contradictoria idea de Dios en sí mismo persiste pese a que no existe, es porque se pude percibir a través de lo único que no requiere probar su existencia, porque carece de entidad, ser y existencia, como es todo aquello que "vemos en la imaginación", que no es consistente ni existente sino "aparente", o una mera "ilusión" de la mente. Con esta breve reflexión sobre la probable existencia de Dios en sí mismo, el Dios que "es" pero que no existe naturalmente, y las "divinidades" creadoras, productoras o causantes, es decir, "Padre, Hijo y Espíritu Santo", yo no he hecho otra cosa que aplicar un nuevo método contextual a lo que ya se sabía o imaginaba, y la conclusión sólo es válida en la medida de que sea lógico el método utilizado. Esto no es nuevo en filosofía, antes que yo Aristóteles recurrió a su método silogico y Descartes al suyo, basado en la duda razonable, y más recientemente Husserl expuso el suyo, el fenomenológico. Por tanto me limito a exponer una conclusión que surge de manera inevitable por ser razonable que sea como el método sugiere que debe ser. Después de todo el conocimiento es fundamentalmente una cuestión de "método".