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CUENTOS BERLINESES
Las palomas mensajeras del muro de Berlín

Otto y Frank Mayer eran dos hermanos berlineses que residían en el barrio de Mariendorf y Neuköln respectivamente. Los dos tenían una pasión en común: las palomas mensajeras, que cuidaban en sus pequeños bungalows de colonias en las márgenes del Tellowkanal, en sus respectivos barrios.

Se intercambiaban mensajes entre ellos y competían en los principales concursos locales, quedando siempre ganadores o finalistas.

Cuando en 1961 se empezaron a levantar las primeras barricadas del muro de Berlín se encontraron, de la noche a la mañana, separados sin ninguna posibilidad de volverse a reunir es sus habituales comidas campestres veraniegas en sus respectivos bungalows, o por Navidad en la casa de alguno de ellos, junto con su numerosa familia y prole.

Todo lo más, y mientras las barricadas no eran más que una burda alambrada, podía verse y hablarse, casi siempre para lamentar la situación o comunicarse alguna nueva familiar. Los niños eran los que más padecían la separación, pues entre primos las relaciones eran cordiales y divertidas.

Cuando por fin se levantó el muro y no era posible verse de uno a otro lado, decidieron utilizar sus palomas mensajeras para seguir enviándose mensajes, y así dio comienzo una actividad de estos nobles animales, que sobre todo por Navidad, no paraban ni un instante.

«Querido Frank, mamá ha sufrido un ligero ataque de corazón, sólo una taquicardia pasajera, pero nos ha alarmado a todos. Ahora ya está bien, pero el cardiólogo nos ha prevenido, porque a su edad... bueno ya te lo imaginas... Es una desgracia que no puedas estar a su lado... Te envía recuerdos, y besos para los niños.»

Este era el tipo de mensajes que se enviaban prácticamente un día sí y otro no. Pero tanta actividad de sus pájaros llamó la atención de la Stasi (la policía política de Berlín este) y decidieron seguir el rastro de las aves hasta que dieron con el palomar de Frank. Un domingo por la mañana, cuando el hermano estaba recibiendo su último mensaje, la Stasi irrumpió violentamente en su palomar y prácticamente le arrancó de las manos la paloma que traía el nuevo mensaje. Decía así:

«Querido Frank. Me alegra lo que me dices en tu último mensaje, de que la situación allí no sea tan mala como imaginamos por aquí, y que el Gobierno os provea de lo esencial. Por desgracia en este lado las cosas no son tan halagüeñas. No se han reconstruido las fábricas. Las pocas buenas empresas que había antes de la guerra se han trasladado a Francfort o a Munich. Nuestra casa se está quedando vacía, pues la mayoría de los vecinos están emigrando fuera de Berlín, y si las cosas siguen así, aquí no quedarán más que los viejos. No sé qué va a ser de nosotros. Es probable que tengamos que emigrar también. Hay que pensar en el futuro de los niños.»

La policía secreta estaba encantada con el mensaje y decidieron utilizarlo para su propaganda, invitando a Frank a un programa de la televisión estatal; invitación que obviamente no podía rechazar.

Para dar la sensación de veracidad, trasladaron las cámaras al palomar de Frank, hicieron un montaje como dando a entender que la paloma acababa de llegar con el mensaje. Frank debía abrirlo y leerlo en directo a las cámaras de la televisión en la hora de mayor audiencia.

Frank estaba nervioso porque la paloma podía hacer mal su papel y no llegar con el mensaje, tal y como estaba previsto, pero no tenía más remedio de obedecer.

Soltó el pájaro, dieron la orden de «acción», las cámaras empezaron a grabar en directo y la paloma, como estaba previsto, apareció en el palomar. Frank desató el mensaje y lo leyó en directo:

«Querido Frank, tengo una triste noticia para ti y lamento que tenga que comunicártela con una paloma y no de viva voz, como hubiera sido el deseo de la familia: ¡Mamá murió anoche de una ataque al corazón!»

Al principio hubo cierto desconcierto, pues ese no era el mensaje previsto, sin duda que se trataba de otra paloma. Frank soltó el animal y, totalmente abatido, comentó ante las cámaras de la televisión:

«Y ahora, ¿cómo voy a ir a su entierro?»

El realizador, fuera de sí, dio la orden de quitar la voz y cambiar de plano, enfocando la bandada de palomas que Frank, en una arranque de ira, había decidió liberar. Todas, instintivamente, volaron hacia el oeste de Berlín.