LIBROS ARTÍCULOS NOTICIAS CUENTOS
ARCHIVO
La poetisa de la calle Novalis
89 LECTURAS
Entrevista con la zorra del Principito
67 LECTURAS
Una lección de cultura general
137 LECTURAS
Blancanieves y los 7 carboneritos
35 LECTURAS
Los tres salvajes cerditos y el lobo angelical
30 LECTURAS
No hay mal que por bien no venga
280 LECTURAS
El perro de Frau Goldsmitdt
327 LECTURAS
El extraño caso del librero de Schöneberg
222 LECTURAS
Caperucita roja o el crimen perfecto
186 LECTURAS
Las palomas mensajeras del muro de Berlín
276 LECTURAS
El doble milagro de Kreuzberg
181 LECTURAS
Cuento de Navidad
216 LECTURAS

CUENTOS BERLINESES
Los tres salvajes cerditos y el lobo angelical

Error updating record: You have an error in your SQL syntax; check the manual that corresponds to your MySQL server version for the right syntax to use near '' at line 1

0 LECTURAS

Por quedar bien con los vecinos casi nunca le damos una bofetada al crío de los del piso de arriba, cuando por hacer una gracia nos da una patada en la espinilla. ¡Cosas de niños!, decimos, disimulando el escozor con una sonrisa de chimpancé de zoológico.

Los niños, esos monstruos bajitos y perversos, lo primero que aprenden es la manera de arruinarnos la salud, lo segundo es la manera de arruinarnos en todos los sentidos. Por esa razón yo nunca me creí la historia de los tres cerditos y el lobo feroz, pues como buen observador de la naturaleza, me he dado cuenta de que los chanchitos son de las crías de animales más revoltosas y juguetonas, que no sé de donde sacan la paciencia las cerdas para aguantarlos.

La verdadera historia es más o menos como sigue:

Había una vez una cerda que trabajaba en el sindicato de rebaños varios, y siempre estaba tan ocupada organizando huelgas y reclamando mejoras salariales a los granjeros, que apenas tenía tiempo de ocuparse de sus tres lindos cerditos.

Por suerte tenía como vecino a un lobo más o menos estepario, pero culto y erudito, que hasta sabía sacar la regla de tres contando con los cuatro dedos de su pezuña.

—Si no es mucha molestia, señor lobo, ¿podría usted cuidar unas horas a mis tres angelitos? Es que hoy tenemos un asunto oscuro con un fabricante de piensos compuestos de harina animal y no sé a qué hora regresaré.

—¡A mandar, mujer, que para eso estamos los vecinos! —le dijo el lobo, ignorando que la posteridad le condenaría por «soplón» y desalmado.

La madre se fue a sus ocupaciones y el lobo angelical se quedó con los tres cerditos.

La primera ocurrencia de las criaturas fue la típica en estos casos:

—¡Vamos a jugar a indios y a americanos! Tú serás el indio malo y nosotros los americanos buenos —le dijeron al lobo, quien accedió gustoso, porque aunque soltero y de edad avanzaba, le seguían gustando los niños.

—¡Te vamos a tirar un misil!

—¿Un misil, hijos? ¡Pero eso es de otra guerra!

—Bueno, ¡pues te vamos a volar con una carga de Goma 2!

—¿Goma 2, hijitos? ¡Pero eso también es de otra guerra!

—Pues entonces ¡te vamos a meter en un cohete y te mandaremos a la estación espacial internacional!

—¿Un cohete, hijos míos? ¡Pero eso no deja de ser de otra guerra!

Los tres cerditos, contrariados por la sosería del lobo, sacaron los petardos que tenían guardados para la «Nit de Sant Joan» y se los ataron al cuello al pobre lobo, que maniatado y estupefacto, no tuvo tiempo de reaccionar para salvarse.

Dicen que por la noche de San Juan una reluciente cometa traspasa el espacio estelar, a la altura de Sitges. ¡Es el pobre lobo angelical, que todavía sigue en órbita espacial!

Moraleja: ¡Los niños son la prueba irrefutable de nuestra avanzada edad y de nuestra incurable ingenuidad!

VISITAS AHORA 1. HOY 7. AYER: 33. TOTAL DESDE 1/9/2018 17082