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El Halloween de la literatura nacional

La literatura actual española está abrumadoramente compuesta por auténticos horrores literarios, pero nadie parece tener el valor suficiente como para reaccionar y denunciarlo sin más. Como toda acusación debe aportar pruebas, en este nuevo artículo presento las pruebas de mi acusación. 

 

Lorenzo Silva

La contracción del pecho proyectó la cadera hacia delante, profundizando la penetración. Se dijo que por fin iba a correrse”.

Esto no es literatura ni erotismo, ¡es pornografía! 

Eduardo Mendoza 

“—Yo no hablo inglés, ¿sabe usted? —prosiguió diciendo ante la aparente aquiescencia del inglés a su pregunta inicial—. No Inglis. Yo, espanis. Usted inglis, yo espanis. España muy diferente de Inglaterra. Different. España, sol, toros, guitarras, vino. Everibodi olé. Inglaterra, no sol, no toros, no alegría. Everibodi kaput. 

Guardó silencio durante un rato para dar tiempo al inglés a asimilar su teoría sociológica y añadió:

En Inglaterra, rey. En España, no rey. Antes, rey. Alfonso. Ahora no más rey. Se acabó. Ahora República”

En este diálogo se insulta al idioma, a la inteligencia, al buen gusto, a la literatura, a la novela, a la gramática, a las relaciones entre seres humanos cultos e inteligentes, a España, al Reino Unido, a los reyes y a los republicanos. ¡Nadie queda indemne!

 

Alicia Giménez Barlett

Nadie está capacitado para adivinar el pasado, pero mucho menos para conjeturar cómo hubiera sido el pasado en caso de variar algunos de los componentes de nuestra vida.”

¡El pasado no se adivina, porque ya es historia, y basta con recordar para saber qué y cómo sucedió! La vida no tiene componentes, ¡no es un automóvil! 

 

Juan Marsé

«Hay cosas que uno debe apresurarse a contar antes de que nadie le pregunte.»

No puede haber respuesta sin la pregunta previa. Esto es una incongruencia. 

«...tras el perro ansioso que husmeaba corrupciones.» 

Los perros no husmean realmente, sin que «olfatean», y ¿qué quiere decir con «ansioso» y «corrupciones»? ¡Él debe saberlo!

«En la concavidad vertiginosa de las olas que avanzaban hasta desplomarse, giraban algas muertas y el último reflejo del poniente.»

En el mar no hay remolinos que giren.

 

Juan Pedro Aparicio

«Las calles rezumaban humedad, una humedad que parecía brotar de su interior como una gran lágrima urbana, que espejeaba el asfalto, una nostalgia de proyección futura, como si el presente se estrujara ya en la memoria con los dolores del recuerdo.»

Esto pretende ser una descripción poética, pero se queda en la pretensión.

 

Soledad Puértolas

«…ese mes de vacaciones en el que me encuentro libre de mis responsabilidades y deberes y libre y perfectamente disponible para disfrutar de las ventajas que la vida puede ofrecer.»

Ni siquiera un estudiante de primaria escribiría este párrafo con semejante sintaxis. ¡Tres conjunciones copulativas en una oración (y,y,y), cuando las dos primeras deben ser sustituidas comas. ¿La vida da ventajas?

 

Juan José Millás

«Elena estaba depilándose las piernas en el cuarto de baño cuando sonó el teléfono y le comunicaron que su madre acababa de morir. Miró el reloj instintivamente y procuró retener la hora en la cabeza; las seis y media de la tarde. Aunque los días habían comenzado a alargar, era casi de noche por efecto de unas nubes que desde el mediodía se habían ido colocando en forma de techo sobre la ciudad. La mejor hora de la tarde para irse de este mundo, pensó cogida al teléfono mientras escuchaba a su marido que, desde el otro lado de la línea, intentaba resultar eficaz y cariñoso al mismo tiempo.»

Ni una palabra que muestre su dolor por la madre muerta. ¿Las seis de la tarde es la mejor hora para morirse? ¿Nubes que son un techo? ¿Trataba de ser eficaz?

 

Alfredo Conde

«—Tiemblo, pero no de emoción, sino de Parkinson.»

¿Por qué hacer esta salvedad? ¡Tiembla por el Parkinson y punto!

 

Alejandro Gándara

«Una mancha roja derivaba hacia la derecha arrastrando un capote negro. Esas dos luces dividían el cielo y también los ojos del hombre que estaba tendido».

¿Una mancha roja de qué? ¿Cómo saber cuál es la derecha o la izquierda si no sabemos dónde deriva? ¿Qué dos luces? ¿Se pueden separar los ojos? ¿Tendido? Si derivaba en el agua no estaba tendido, sino que flotaba.

 

Fernando Sánchez Dragó

«—¡Alto ahí! —ladró más que gritó la Princesita del Almendro».

Una princesa que ladra, es el no va más!

«—Hace el muerto en el Mar Muerto… ¡Hopla!».

¡Diálogos inspirados!

Todo empezó con una vulgar llamada de teléfono. Sonó el timbre de éste, lo descolgué en un descuido antes de que entre su auricular y mi persona se interpusiera el parapeto acústico del contestador –tan feliz y distraído andaba en ese momento que ni siquiera aparté los ojos del periódico que previamente había desplegado sobre la mesa– y, atónito, escuché la voz razonable, competente y obsequiosa de la secretaria de la editorial catalana que tiene la gentileza de publicar mis libros.»

¡Ya solo le faltaba darnos el NIF de la editorial! ¡Esto no es literatura, es un parloteo insulso!

 

Rafael Argullol

«Primero hubo vagos rumores, luego incertidumbre y desconcierto, finalmente, escándalo y temor. Lo que estaba a flor de piel se hundió en la espesura de la carne, atravesando todo el organismo hasta revolver las entrañas. Lo que permanecía en la intimidad fue arrancado por la fuerza para ser expuesto a la obscenidad de las miradas. Con la excepción convertida en regla se hizo necesario promulgar leyes excepcionales que se enfrentaran a la disolución de las normas. Las voces se volvieron sombrías cuando se constató que la memoria acudía al baile con la máscara del olvido. Y en el tramo culminante del vértigo las conciencias enmudecieron ante la comprobación de que ese mundo vuelto al revés, en el que nada era como se había previsto que fuera, ese mundo tan irreal era, en definitiva, el verdadero mundo.»

¡Este extenso párrafo debería figurar en el libro de records de Guinness, porque bate todos los records de incongruencia, retorcimiento, confusión y en definitiva, de anti-literatura!

Rosa Regás

Esta prolifera y activa mujer bate también records, pero de descripciones. Más que escritora es una “descriptora”.En su novela “Azul” no hay diálogos hasta la página 30 y son innecesarios:

«—Es Andrea, mi hija —dijo Sebastián…».

Que podía haberse sustituido por: «Sebastián le presentó a su hija Andrea…».

En la página 31 hay otro escueto diálogo:

«—Me llamo Andrea —dijo, y le dio la mano…».

Que podía haberse sustituido por: «Le dijo que se llamaba Andrea…».

«—¿No ibas a salir? —dijo…»

«—No voy a salir —dijo…»

«—¡Qué horror! —dijo...»

«—No podré soportarlo —dijo…»

«—¿Qué dice?»

«—Que eches el ancla.»

Otro emotivo diálogo de Rosa Regás

Quisiera ver al señor Pérez Montguió, por favor.[...]»

«¿De qué empresa?»

«De ninguna. Soy Aurelia Fontana. Estuve aquí en enero.»

«El señor Pérez Montguió no está.»

«¿Puede darme hora para más tarde, o para mañana o pasado?»

«Es que yo, la verdad, no sé cuando vendrá»

Vale para cualquier cosa menos para una novela.

 

Fernando Schwartz

Este autor supera todos los horrores de todas las notas de los escritores anteriores. No sé cómo se le ha ocurrido escribir una novela, que para mí empieza y termina en las tres primeras palabras.

La mire, muerta”

Estas dos palabras, unidas por una coma carece de sentido, y no se puede concebir qué es lo que está pasado. Seguimos:

La muerte y la larga enfermedad antes de ella”

¿Con lo fácil que hubiera sido escribir así la misma oración :”La muerte y la larga enfermedad que le precedió”, y nos ahorramos el “ella”.

Los diálogos son ciencia-ficción. 

«—Aquel tipo iba a ser tu marido, ¿verdad?

Sí, chamaquito, sí. Aquel tipo iba a ser mi marido […] 

«—No tienes remedio, ¿no?

Hice un gesto negativo con la cabeza.

No.» 

Si hace un gesto negativo con la cabeza, no necesita decir “No”. Y así toda la novela;.

 

Pedro Maestre

Con este autor es suficiente con la dedicatoria:

«A todos los que salen porque han hecho muy bien el papel que les he escrito, sí, abuelo, a ti también»

Pero es en este párrafo donde está el horror:

«diciendo, mamá?, pero ¿qué me estás diciendo?, ¿me estás diciendo que el tío Paco abusaba de ti?, ¿me estás diciendo eso?, ¿cómo que te tocaba?, ¿que te tocaba cómo? Pero ¿dónde?, ¿qué quieres decir? ¿quieres decir lo que estás diciendo? lo creo, lo creo, ¿el abuelo no hacía nada?, no puede ser, me puedo creer cualquier cosa, pero esto no.»

 

Carlos Cañeque

«Cuando era más joven mi padre siempre me decía: hijo, cuesta mucho salir de la fila, yo lo he conseguido, tú no lo vas a conseguir jamás, pero no te preocupes, ya te he dejado bien situado en la parrilla de salida. Hay gente que nace con carisma, destinada a triunfar, pero ése no es tu caso.»

La frase entera es una pura incongruencia: No hay una relación posible entre destacar y salir de la fila. No es una metáfora adecuada dejarle en la parrilla de salida. ¡No es un fórmula 1! 

 

Juan Manuel de Prada

Es más difícil escribir mal que hacerlo bien y simple. En esta frase vemos la tendencia de estos autores a enredarse en el lenguaje de manera que finalmente se haga incomprensible:

«Es difícil y obsceno soslayar la mirada de un hombre que se desangra hasta morir, pero más difícil aun es sostenerla e intentar zambullirse en el torbellino de pasiones confusas y secretos póstumos que se agolpan en sus retinas».

Con lo sencillo que hubiera sido: «Es difícil mirar cara a cara a un hombre que se está desangrando». En cuanto a los diálogos:

«—Me parece que vas muy deprisa. ¿Tú crees que si

tuviera las llaves iba a estar aquí, tan campante, departiendo contigo? A Valenzín se lo cargaron por culpa de esa maleta; el cabrón que le pegó el tiro le birló también las llaves, de las que Valenzín nunca se separa, y antes de marchar anduvo revolviendo el palacio, en busca de la maleta, el hijo de la grandísima puta.»

Esto es una grosería vulgar e insultante a una “grandísima...”. ¡Desde luego que no es literatura!

 

Carmen Posadas

Otro ejemplo del uso poco literario del lenguaje:

«Tenía los bigotes más rígidos que nunca, tanto que una mosca habría caminado por ellos igual que un convicto sobre la tabla de un barco pirata.» 

Dejando a un lado la pobre metáfora de la mosca en el bigote, los piratas no celebraban juicios, para saber si era o no convicto. Los tiraban al mar y listo. Todos estos autores carecen de una amplia formación humanista, lo que les permitiría no incurrir en estos errores.

 

Espido Freide

Esta frase que reproduciré de esta autora es la más grave que he leído en todos estos libros de los que escribo estas notas:

«Existen mucho modos de matar a una persona y escapar sin culpa…»

Un asesino es siempre culpable, de eso no debe caber ninguna duda. Lo que puede evitar es el castigo. Por otro lado, matan los carniceros, los seres humanos asesinan. 

 

Gustavo Martín Garzo

Lo de este autor es ya un caso excepcional. Se carga la novela en la primera linea:

«—Te juro que no tardo nada —le dijo a Fernando besándole en el carrillo.» 

¿En el carrillo? Yo creo que se refiere a la mejilla! No son necesarios más comentarios. 

 

Maruja Torres

Esta autora es si cabe más provocativa que yo, pero mientras yo me refiero a mis colegas, ella se mete con un empresario español de un gran éxito comercial:. ¿Por qué citar el nombre de Zara? ¡Cualquiera sabe!

«Judit no ha nacido para lucir ropa barata. Nunca será sorprendida en los probadores de Zara, embutiéndose en un sinfín de prendas, ni la veremos competir con una multitud de chicas de su edad en las rebajas de unos grandes almacenes».

En cuanto a la expresión “embutirse” no vale la pena hacer ningún comentario.

Pero es en este diálogo donde la Torres pone su particular sello personal:

«—resopló Regina, presa de furor generacional—»

«—¿Qué es ese ruido? ¿El apocalípsis? (Hago observar que el «Word» se me ha rebelado y escrito por sí mismo el sustantivo «Apocalipsis» con mayúsculas) —Regina no pudo evitar la ironía, aunque le quedó desvirtuada porque tuvo que gritarla a voz en cuello (faltan los dos puntos y muchas cosas sobran).

Hamlet —respondió el chico bajando el volumen (si grita debería poner admiraciones, ¡Hamlet!)

Qué bien. Debe ser el monólogo.»

¡No, qué mal, porque este es un diálogo absurdo!

 

Ángela Vallvey

Veamos un párrafo escogido al azar:

«Algo tenía de extraño la mañana. Pronto sonaron campanas a muerto que empaparon el ambiente…»

Las campanas no suenan a muerto, sino que tocan a muerto. ¿Empapaban? ¿Llovía? ¿No será envolvían, llenaban, etc.?

 

Andrés Trapiello

Primeras líneas de este libro (nunca digo novela porque no lo es):

«Delley nunca pensó que un timbre pudiese gruñir como un armadillo.

Fggg… Fggggggg… Fggg…»

No sé si he copiado todas las «g» del original y si esta omisión puede alterar el sentido de la frase, pero lo que si altera son los nervios del lector, al recordar lo que ha pagado por cada una de las “g”.

 

Antonio Soler

¡Este autor debe ser de la escuela de Marsé y posteriores seguidores, porque también escribe sin ton ni son. Veamos este breve párrafo:

«Los días cayeron sobre nosotros como árboles cansados»

¿Pero cómo puede estar un árbol cansado si en 100 de vida no da un solo paso: Más horrores literarios para mi colección. Un comentario final:

«…la bailarina sin futuro a la que una noche de lluvia espié a través de los cristales de la Estrella Pontificia y que en el ritmo de su cuerpo adolescente llevaba la cadencia, toda la furia del mundo.»

(¡¿?!)

Pero, ¿cómo no va a tener futuro? En primer lugar, la pobre chica todavía es adolescente, y lleva en su cadencia toda la furia del mundo?

 

Lucía Etxebarría

El párrafo que reproduzco de esta autora sobrepasa toda mi capacidad de comprensión:

«...y te voy advirtiendo, querida, queridísima, juguete mío, bomboncito de licor con guinda, luz de donde el sol la toma y, ya de paso, de todos los flexos eléctricos de esta casa...»

¿Cómo es posible que haya sido premiada esta novela con este asombroso párrafo? ¿De dónde toma el sol la luz? ¿Era su casa una tienda donde vende flexos? ¿Se puede escribir algo más cursi? ¡No!

 

Pedro Zarraluki

Otro horror literario:

«Benito Buroy Frere llevaba media hora sentado en la sala de espera, «Había dejado el sombrero en la silla contigua y de vez en cuando palpaba el forro con la esperanza de que se hubiera secado»

Para este autor esta escena es importante. Los lectores necesitan saber dónde pone el sombrero, y si ya está seco o sigue mojado de sudor... Además, es una cochinada dejar un sombrero sudado ella silla “contigua”.

 

María de la Pau Janer

El mismo Marsé, que no pasará a la posteridad, se quejaba de que esta autora era una calamidad. Llevaba razón. Veamos.

«Siempre ha llegado al aeropuerto con tiempo suficiente, este hombre no subirá al avión.»

Entonces, ¿por qué llega temprano al aeropuerto?

«Hace tiempo descubrió que vivía una serie de situacio-nes relativas:….»

¡Me pierdo!

«Al bajar del taxi, ha mirado al cielo; un movimiento instintivo de la barbilla, de las cejas que dibuja un arco.»

¡Sigo perdido, pero al menos se que tiene las cejas en forma de arco!

 

Esto es todo por el momento. Todas estas notas pertenecen a novelas premios Planeta y Nadal hasta 2005.

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