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20.10.2018
Filosofía de la soledad

¿Es la soledad un comportamiento anómalo? ¿Son los solitarios personas incapaces de relacionarse con sus semejantes? ¿Es una actitud exigente e insatisfecha? ¿Es una necesidad para el desarrollo de ciertas actividades? La mayoría de los solitarios alguna vez nos hemos cuestionado nuestra soledad, y hemos dudado entre culpar a los demás o a nosotros mismos.

Como solitario, la respuesta que pueda dar a estas preguntas debería estar fundamentada, obviamente en mi propia experiencia, pero, puesto que se trata de hacer una reflexión filosófica, sus conclusiones deben estar por encima de mi circunstancia, de otro modo no seria un artículo de filosofía sino el relato de una vivencia personal.

 

La soledad y la naturaleza

En la naturaleza la soledad es una anomalía. Solo los miembros rechazados de un grupo permanecen solitarios. Los miembros activos y tolerados permanecen unidos, lo que favorece su reproducción y supervivencia, que es la motivación de la formación del grupo. Para desarrollar sus facultades naturales necesitan la compañía de otros miembros, organizados por jerarquías, encabezadas por un macho o una hembra alfa. Cada miembro del grupo es tan solo una parte de una unidad superior, por lo que la soledad les impediría formar grupos.

Como naturaleza, los seres humanos tenemos las mismas reglas de conducta que el resto de los animales. Por esa razón nos hemos asociado. Cada miembro de una sociedad es un ser incompleto, por eso hemos creado la institución de la familia, porque aceptamos que un ser humano solitario que alcanza la edad adulta y que no es miembro de una familia, es una anomalía.

Todo en la naturaleza es dual y dialéctico. El día y la noche; la planta y la tierra; el frío y el calor, el hombre y la mujer… Todas estas individualidades conforman una unidad cuando se complementan, por tanto si no están complementadas no están realizadas, es decir, son incompletas o anormales.

 

El individuo y la personalidad

Ya hemos visto que el individuo como naturaleza es tan solo la mitad de una unidad, y en este supuesto la soledad es una anomalía.

A su vez, el individuo es la parte “individual” de un todo; es decir, si no forma parte de un todo no puede ser un individuo, solo puede ser “todo” o “nada” (Ser o no ser, esa es la cuestión).

Como esto no es posible si lo consideramos como naturaleza, para librarse de esta forzosa relación dialéctica necesitamos considerar “algo” del individuo que no sea “natural”; es decir, no buscar una sustancia sino la esencia, o lo que es lo mismo, un “fenómeno”. El ser humano ha desarrollado dos fenómenos: el espíritu y la mente.

Como tales fenómenos, no están sometidos a la leyes naturales, por lo que no son entidades individuales (Formar parte de un grupo) sino “personales”. Y ya tenemos una primera clave para valorar la soledad: la compañía es a la naturaleza, como la soledad es al alma y la mente. O dicho de otro modo: Los solitarios somos anormales como naturaleza y normales como espíritu y mente. Por la misma razón, los que conviven con sus respectivas parejas son normales como naturaleza, pero anormales como espíritu y mente. Naturalmente que las cosas no son tan radicales, pero esa es la conclusión final.

Por tanto, si el arte es una creación del espíritu y la filosofía de la mente, tanto el artista como el filósofo necesitan imperativamente la soledad, de otra manera estará comportándose de forma anormal, lo que deberá reflejarse en la pobreza de su arte o de su filosofía. El artista vive solo, aunque esté acompañado. Son abrumadores los artistas que viven solos, y los que viven acompañados mantienen una relación conflictiva, cono Frida Calo y Diego Rivera, Simone de Beauvoir y Jean Paul-Sartre, León Tolstoi y su joven esposa, Sofia Andréyevna, etc. Esta reflexión también sirve para justificar filosoficamente el celibato.

El difícil dilema que se plantea es decidir a qué damos prioridad: al espíritu y a la mente o al cuerpo. La única justificación de un solitario es que cree obras de arte o de pensamiento, de otro modo su comportamiento no solo sería anormal sino estéril.

 

Berlín, 24/10/2018

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FRASES
"Es inútil que me esfuerce, nunca llegaré a escribir tan mal que merezca el éxito "
""Ser o no ser" no es la cuestión, sino "qué ser o qué no ser!""
"Si tienes talento, procura disimularlo. Pero si no lo tienes, no podrás disimularlo "
"Los diálogos de una novela son como las flores de un jardín, tienen que tener color"
"Cada lector tiene el autor que se merece"
"No escribo sobre lo que he visto, sino sobre lo que he vivido"