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18.04.2019
¿El dinero hace la felicidad, o la felicidad hace el dinero?

La fórmula matemática de la felicidad podría ser ésta: f = li2 (felicidad es igual a liberación por la inconsciencia al cuadrado). 

En efecto, la felicidad es siempre una emoción causada por la liberación, sea cual sea, potenciada por una importante dosis de inconsciencia, o desinterés por la realidad y sus necesidades. Por esta razón el dinero necesariamente hace la felicidad, porque nos "librera" de la angustia del porvenir, permitiéndonos, al mismo tiempo, librarnos de todo aquello que nos hace infelices y puede comprarse con dinero.

 Hasta aquí todo parece razonable, pero la liberación que nos proporciona el dinero viene condicionada por la "esclavitud" a la que nos somete la posesión del propio dinero, su seguridad y, sobre todo, su "desgaste", porque el dinero es de la misma sustancia que el tiempo: tiende a "gastarse". 

Como resulta una tautología sin solución (algo parecido sucede con la idea de Dios), hemos optado por asumir dos posturas extremas e irreconciliables: la pobreza extrema del ermitaño o la riqueza extrema de un Bill Gates, ¡no hay término medio para la felicidad! 

La filosofía de la renuncia a lo material y la resignación hace años que pertenece a la mitología, en especial desde el triunfo universal de los valores burgueses fundamentalmente centroeuropeos. Estos valores hacen posible que la pregunta inicial funcione en los dos sentidos posibles: el dinero hace la felicidad y la felicidad nos debe proporcionar el estado de ánimo necesario para "hacer más dinero". 

Esta ha sido la conducta del burgués occidental, que fue ratificada y "santificada" por los reformistas luteranos: el buen burgués es feliz porque el fruto de su trabajo produce aquello que le libera de todas sus "cadenas". De ahí que el modelo burgués se denomine "liberalismo". 

A este modelo ético se le añadió posteriormente la función del Estado social burgués, que provee de más "liberación" de necesidades básicas. Por último está el frustrado intento de un "Estado feliz por decreto ley", como intentó ser el Estado socialista revolucionario (tanto George Orwell con Aldous Huxley nos dejaron una ficción de esta idea en sus novelas "1984" y "Un mundo feliz" respectivamente). 

No hay alternativa: la felicidad, sin entrar en disquisiciones filosóficas más profundas, es decir, la felicidad de hombre común y corriente de nuestro tiempo, consiste en ser "totalmente pobre" o "totalmente rico". ¡En nuestro modelo cultural, económico y social actual ya no hay término medio!

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FRASES
"Es inútil que me esfuerce, nunca llegaré a escribir tan mal que merezca el éxito "
""Ser o no ser" no es la cuestión, sino "qué ser o qué no ser!""
"Si tienes talento, procura disimularlo. Pero si no lo tienes, no podrás disimularlo "
"Los diálogos de una novela son como las flores de un jardín, tienen que tener color"
"Cada lector tiene el autor que se merece"
"No escribo sobre lo que he visto, sino sobre lo que he vivido"