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12.11.2018
Yo y mi pelea con el alemán

Este breve artículo va dirigido para aquellos que por la razón que sea, que mejor no quiero saber, estén pensando en aprender alemán. La intención es prevenirles de que según como se lo tomen el intento puede acabar en tragedia. Espero que mi propia experiencia, sumada a mi avanzada edad, más mi sentido común, adquirido hace apenas un par de años, sean suficientes referencias para que se tomen en serio mis consejos.

El alemán es una lengua algo rara, pero hay muchas otras lenguas también raras, incluso más, pues las hay que no tienen ni abecedario, y por eso nadie se alarma. Quiero decir que «se puede aprender» sin que uno corra ningún peligro. Pero hay que tomar precauciones.

Las tres dificultades fundamentales son por este orden: Primero: No encontrará apenas voces «familiares», como «Información, Región o Nación», porque el vocabulario es de otra familia lingüística, así es que le tocará aprender cientos de palabras nuevas, que ni por lo más remoto le recordarán alguna similar al castellano. Segundo: tendrá que acordarse de cuando declinaba en latín, si ha estudiado latín, porque lo alemanes no se han tomado la molestia de suprimirlas, como hicieron sus primos los ingleses. Tercero: tendrá que acostumbrarse a pensar al «revés» de cómo pensaba hasta ahora, ¡y eso es lo más complicado!

Por ejemplo, hagamos esta frase española al estilo alemán: «La vecina de cuarto, la que esta medio sorda, tomates de los más baratos, peras que dan pena verlas, las peores verduras, y eso que dicen que tiene dinero, alguna cabeza y medio kilo de cebollas… (¿y ahora que viene?, ¡ah, sí; el verbo!), comprar quería». ¿Lo ven? De eso deseaba hablarles.

Este es el tipo de ejercicios que usted tendrá que hacer en sus clases de alemán. Al principio usted se negará en redondo a hablar de forma tan rara y es probable que saque su billete de vuelta a España, porque este idioma no va con su carácter. 

Si supera esta primera crisis y sigue adelante, le esperan penalidades difíciles de explicar. Su mente tendrá que volverse reversible, como las cazadoras de los años setenta. Llegará un punto es que no sabrá donde tiene la mano derecha, pero cuando por fin se de cuenta de que la mano derecha en alemán es, en realidad, la izquierda, habrá superado la crisis y podrá seguir adelante. Lo mejor es buscar un «tamden-partner» poniendo anuncios en las universidades. Le contestarán unos cuantos, pero no acudirá ninguno. Así es que se lo tiene que guisar y comer usted solito. 

Como yo ya he pasado por todo esto le explico cuál fue mi sistema una vez superada la crisis intermedia y ser capaz de dar mis primeros pasos yo solito. Mi primer libro de lectura fue un cuento infantil para niños entre 4 a 6 años, de más edad no los entendía. Así puede enterarme de todas las clases de ángeles de la guarda que se mueven por Alemania. 

Pero la historia que más me interesó fue precisamente la de la manera en que surgió la idea de los ángeles custodios. Por chiripa un angelito con mal oído para la música y poca maña para el arpa, salvó a un niño. Entonces le dijo a San Pedro: «¿No sería más práctico dedicarnos a cuidar de los niños en lugar de pasarnos el día de nube en nube cantando y tocando el arpa alegremente?». «¡Humm!», dijo San Pedro, «¡Buena idea!». Y así fue como se inventaron. De no haber sido por mi empeño en aprender alemán nunca lo hubiera sabido.

Al principio uno piensa que como el idioma de uno no hay nada, y que el alemán suena fatal, se escribe fatal y se lee peor. Es decir, que menos mal que a Goethe lo hemos traducido al castellano, ¡porque en alemán suena fatal! Ese es el tipo de perjuicio que hay que desterrar lo antes posible, porque cuando sea capaz leer en alemán se le caerá la cara de vergüenza, al ver lo asombrosamente expresivo que es este idioma.

Y ahora les doy el último y definitivo consejo. Para librarse de este estereotipo sobre la «dureza» del alemán porque tiene muchas palabras con «k» de kilo, la «s» se suele sustituir por la «z» y muchas frases acaban en «ten», como «Tomaten», les sugiero que compren la edición más barata que encuentren de «El Principito» (Der klein Prinz«) y se lo lean tranquila y relajadamente. 

Entonces se dará usted cuenta de que está leyendo en una lengua tan capaz como la suya propia de emocionarle, tal como le emocionó la lectura de este breve libro, en cualquier idioma que lo haya leído, porque la sensibilidad de un idioma no depende de sus signos ortográficos ni de su estructura gramatical, sino de las sensibilidad de los autores que las utilizan. A mí sólo me falta leer la versión en sánscrito, las demás creo que las he leído todas, ¡y ahora también en alemán!

Espero que le hayan servido estos breves consejos. «Mit Freundilischen Grüßen aus Berlin», un superviviente de las clases de alemán.

No puedo dejarles sin una muestra del sabor del alemán en un breve y divertido poema de George Weerth (1822-1856), que me he permitido traducir en versión libre, pues, como digo, el alemán es algo raro y no se deja traducir así sin más, y hay que hacer algunos retoques.

 

Hungerlied

 

Verehrter Herr und König,

weiß du die schlimme Geschichte?

Am Montag aßen wir wenig,

Und am Dienstag aßen wir nicht.

 

Und am Mittwoch mußten wir darben,

Und am Donnerstag litten wir Not;

Und auch, am Freitag starben,

Wir fast den Hungertod!

 

Drum laß am Samstag backen,

Das Brot, fein säuberlich - 

Sonst werden wir Sonntag packen,

Und fressen, o König, dich!

 

Canción del hambriento

 

Estimado señor y rey,

¿Conoces esta terrible historia?

El lunes comimos poco,

Y el martes no comimos nada.

 

Y el miércoles tuvimos que ayunar,

Y el jueves nos vimos en la penuria;

Y también el viernes nos abstuvimos

¡Que casi de hambre morimos!

 

Por eso el sábado cocimos pan 

con todo esmero del mundo,

Si no el domingo no comeríamos

¡Y te devoraríamos, oh rey, a ti!

 

¡Divertido!, ¿no?