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10.11.2018
El escritor y su circunstancia

Cuando llegué a Berlín, hace ahora doce años, tenía en la cabeza varios proyectos literarios "encubados" en España. Uno de ellos, el más importante, era "Los años de rojo carmín", que concluí felizmente, creo que tal y como estaba previsto. Era un novela que hubiera tenido que ser escrita en España, y no parecía lógico que se pudiera escribir fuera del ambiente donde estaba escenificada, sobre todo porque el lenguaje requería unos modos que sólo se dan en ciertas comarcas españolas y ya no son de uso común. 

Apenas puse punto y final, se me ocurrió sugerir su lectura pública dentro de los actos culturales del "Instituto Iberoamericano" de Berlín, donde fue aceptada. Un frío y lluvioso día de enero tuve la oportunidad de hacer su "presentación oficial" en Berlín, ante un público mayoritariamente alemán y donde no había ni un solo español, pese a que el acto estaba anunciado con varios meses de antelación. Ese fue el primer aviso de mi desencuentro con España.

Días después participé en un acto donde se discutía sobre el escritor y el idioma ambiental, que en el caso de escritores hispanoamericanos no coincide con el nuestro. Uno de los contertulios sugirió que esta situación provoca cierta "esquizofrenia" en el escritor "exilado" o trasplantado a un ambiente cultural con una lengua que no era la suya. Naturalmente que al comparar mi propio caso no parecía que pudiera haber tal esquizofrenia, ya que el escritor se lleva sus temas consigo allí a donde va. Al menos así pensaba entonces.

Entre los escritores invitados había una argentina que días después presentaría su nuevo libro titulado "Berlín es un cuento", y yo me dije a mí mismo cuándo llegaría el momento en que yo mismo escribiría "en Berlín" y "sobre Berlín". La respuesta fue más o menos que eran necesarios que transcurriera algunos años para que las vivencias personales se convirtieran en argumentos para una obra literaria, es decir, que era cuestión de tiempo.

En aquellos momentos todavía vivía de las "vivencias españolas". Cuatro años después de concluir varios ensayos que no requerían otra cosa que razonamiento y lógica, para lo que no era necesaria inspiración alguna, me propuse comenzar una nueva obra con los "restos de vivencias españolas" que seguía teniendo. Sería una basta novela sobre la "Transición" y creía estar suficientemente cargado de "emociones y sensaciones", además de memorias, como para concluirla.

Al llegar a la página 30 me atasqué. ¿Qué había ocurrido? Sencillamente, ¡Berlín y sus vivencias se había impuesto! En adelante ya no podía escribir como un "escritor español trasplantado a Berlín" (la esquizofrenia que comentó mi colega), sino como un escritor berlinés que circunstancialmente escribe en español. Doce años después mis vivencias alemanas se impusieron definitivamente sobre las españolas, y mi última novela, “Marcus” es genuinamente alemana.

España y su inspiración había muerto y me dispuse a enterrarla. El siguiente proyecto literario surgió de forma natural y espontánea, coincidiendo con la época navideña, empecé a escribir una pequeña colección de "Cuentos berlineses", mi presentarme ante la comunidad literaria de esta ciudad, ¡que ya es mi ciudad, y no solo como ciudadano, sino como escritor!  

Finalmente tengo que reconocer que el idioma común no es suficiente vínculo para sentirse parte de la comunidad de un idioma. Por otro lado mis "Memorias de un cura..." no han provocado el menor interés entre los lectores españoles. Pese a que sigue inédita, y dudo de que llegue a editarse en España, una versión íntegra está publicada en este blog. Decididamente entre España y yo ya no hay química, y mi resolución de fin de año es terminar con esta estéril relación que desde hace ya bastante tiempo es irreal e inexistente.

No es sin duda una decisión fácil de tomar, pero es absolutamente necesaria para no caer en la esquizofrenia de creer en algo que ya no existe, lo que da la vuelta a la opinión de mi colega berlinés.