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15.02.2019
Carta abierta a un Grupo de Filosofía
Estimados miembros y administradores, siempre es grato conectar con personas apasionadas por la filosofía, pero no todas tienen una idea clara y concisa de lo que es y para qué nos sirve la filosofía. Os pido disculpas por mi arrogancia, pero he creído que mi opinión podría ser de interés para alguno de este grupo, por lo que me he decidido a escribir esta larga carta.

La filosofía es, ante todo, una causa del lenguaje. Sin un lenguaje no es posible la filosofía. Si un entrenador de fútbol tiene una determinada filosofía es porque los jugadores entienden el significado de las palabras o conceptos con los que trata de explicar su estrategia. Si algún jugador entendiera que “gol” significa “fuera de juego” estaría perdiendo el tiempo y no podría realizar su filosofía.

Luego, de este simple ejemplo se deduce que la filosofía depende del significado que otorguemos a los conceptos que utilizamos en nuestros razonamientos.

Todos los conceptos surgieron como una necesidad de expresión para una razonable conclusió para la que no existía la voz adecuada. Lo que quiere decir que en su origen eran inequívocos. Al sentimiento angustioso por lo desconocido y misterioso se nombró “miedo”, a una emoción agradable, “felicidad”, etc.

Pero el lenguaje es dinámico y diverso, y el tránsito de los conceptos de una lengua a otra, con valores culturales también diversos, tergiversó estos significados originales para acomodarlos a sus propias necesidades de expresión; es decir, a su filosofía. A partir de ese momento la filosofía deja de ser concluyente para ser tan relativa como es todo lo existente.

Pero cualquier intento de fijar sus significados choca frontalmente con lo que entendemos por democracia: todas las opiniones son válidas y respetables. No nos extrañe que Unamuno se lamentara de que la democracia era la igualdad en la ramplonería, o que Heidegger simpatizara con alunas ideas nazis, o que el mismo Platón concibiera una república dictatorial.

Con la filosofía nunca alcanzaremos a entender la realidad tal como es realmente, sino como cada cual entiende que es realmente, de acuerdo al significado que tengan para él los conceptos que utiliza.

Conclusión: hemos renunciado a la filosofía en favor de la convivencia.

Un cordial saludo desde Berlín, ¡posiblemente la ciudad más filosófica del mundo!

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